Del Barrio al Pit

Traducido por Feri Hernández Lira.

La escena del punk y hardcore latino se ha mantenido activa en el condado de Los Ángeles por décadas. Foto por Lily Cabrera.

En una noche reciente en “Alex's Bar” en Long Beach, la escena de música hardcore y punk arrasó con todo. La juventud energética llevaba banderas mexicanas colgadas sobre sus hombros, se escuchaban porras en contra de ICE, y el público lleno de jóvenes latines. La banda que tocaba era “Generación Suicida”, una banda punk latina del centro sur de Los Ángeles.

A pesar de que ha sido un género de música asociado frecuentemente con hombres blancos suburbanos, los latinos han estado transformando silenciosamente el género desde hace tiempo, inspirando a la próxima generación. 

“Alex's Bar” se ha convertido en un espacio para el punk latino de Long Beach, regularmente invitando a bandas como “Generación Suicida”, “Manic Hispanic” y “Voodoo Glow Skulls”.

Durante décadas, los latinos han sido una gran fuerza impulsora dentro de la música punk y hardcore. Han surgido bandas como “The Zeros” y “The Plugs” desde los años 70 en el este de L.A. hasta los años 90 en Chicago, donde surgieron bandas como “Los Crudos” que cantaban en español sobre los derechos de los inmigrantes y la brutalidad policial. 

Joshua Hurtado, un músico punk latino aspirante de Culver City, aún reflexiona sobre los pioneros que han creado un camino para latines como él.

"Desde pequeño me criaron escuchando bandas como ‘Black Flag’, ‘Sex Pistols’, ‘The Addicts’... pero por ser latino y filipino, nunca me vi representado hasta que me sumergí en el género", compartió Hurtado. "Descubrí bandas como ‘Los Crudos’ gritando en español, me parecieron muy chidas".

Hurtado siente gran orgullo por el hecho de que los latinos tienen un legado importante en la escena punk. También acredita a “The Zeros” por dar notoriedad al punk latino. Hurtado dijo que la influencia latina se disparó en los años 70 cuando “The Zeros” estuvieron de gira con “The Clash”.

Lily Cabrera, una empleada latina de la ciudad de Hawthorne, fue testigo de la escena musical desde detrás de la barra de “Alex's”.

Ha trabajado en estadios en todo Los Ángeles, incluyendo el Garden Amphitheater, 1720, Teregram Ballroom, Whiskey a Go Go y el Wiltern. La mayoría de estos estadios han organizado conciertos de punk o hardcore. Por ser latina, ha disfrutado ver el crecimiento de la escena musical latina.

"Amo ser parte de los mosh pits y su energía, son muy divertidos y honestamente terapéuticos", expresó Cabrera. "Si no puedo ser parte del público, me gusta verlo desde detrás de la barra o a la vuelta del estadio. Ver tantos latinos disfrutándolo también me hace sentir incluida".

Herbert Del Río es un empleado latino en un local de eventos en Culver City. "Sé que L.A. tiene una población latina muy grande, pero ver que gente como yo comparte un amor por la misma música es muy padre. Claramente nos atrae", expresó Hebert. "Hoy en día, siento que los latinos han tenido mucho en su contra por lo que está sucediendo con ICE y lo que claramente es racismo".

Del Río dijo que siente mucho orgullo por su cultura cuando visita lugares con mucha influencia latina.

Actualmente, la tradición de los latinos en música punk y hardcore ha evolucionado y es propagada a través de bandas como “Xibalba”, “Barrio Slam”, “Forced Order” y “Big Ass Truck IE”. 

“Barrio Slam”, una banda de Pomona compuesta completamente de latinos, ha hecho el esfuerzo de recibir su cultura con los brazos abiertos. “Xibalba”, otra banda hardcore latina radicada en Pomona cuyo nombre fue inspirado por el inframundo de la mitología maya, ha tenido seguidores en el sur de California por casi dos décadas. 

“Big Ass Truck IE” es una banda emergente de Inland Empire dirigida por el vocalista principal latino, Abel Abraca. Abraca siempre expresa su desdén hacia ICE en los shows de “Big Ass Truck” y habla vigorosamente sobre la representación latine.

La historia del punk y hardcore latino aún sigue creciendo. Ya sea un show en un patio trasero en Boyle Heights o un antro en San Bernardino, los mosh pits se rehúsan a parar y la gente se rehúsa a bajar el volumen.

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