Editado por Feri Hernández Lira
Algunos de los tatuajes que ha diseñado Cindy Ortega, inspirados en culturas mexicanas tradicionales.
Un zorro se levanta en sus patas traseras, su pecho erguido como si quisiera alcanzar el cielo, junto a docenas de criaturas zoomorfas posando como dioses mesoamericanos. Una sirena alza sus brazos sobre su cabeza mientras una mujer con dos cabezas parece dominar el mundo que la rodea con una sola mirada.
Estas son algunas impresiones artísticas diseñadas por Cindy Ortega, tatuadora de Long Beach, utilizadas para recaudar fondos para la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes, CHIRLA, según sus letras en inglés.
Esta venta, como otras que ha coordinado, han sido inspiradas por herencia y artistas mexicanas. En la venta para CHIRLA, el 30% de los fondos recaudados fueron donados a la coalición para apoyar con recursos inmigratorios.
Pero antes de que el lápiz trace la página, el proceso artístico de Ortega empieza con investigación y contexto – cada diseño es una oportunidad para aprender.
“Si realmente me dedico a investigar y comparto lo que descubro, tal vez pueda ayudar a otras personas a que aprendan más sobre su cultura”, mencionó Ortega.
Antes de recibir su puesto en “Paper Crane Tattoo” en Long Beach, exhibiendo su arte en museos locales y organizando ventas para apoyar a gente afectada por las redadas de migración, Ortega también fue estudiante de la Universidad Estatal de California en Long Beach, CSULB, por sus siglas en inglés, con grandes metas, pero muchas puertas cerradas.
“Odio que me digan que no. Me hace querer hacer las cosas aún más”, dijo Ortega.
Sus planes de ser ilustradora biomédica cambiaron abruptamente cuando su consejera escolar le dijo que había alcanzado su límite de unidades académicas.
Ortega cambió de rumbo hacia una licenciatura en bellas artes especializada en ilustración, pero se quedó con muchas dudas al graduarse en el 2020 a media pandemia global.
Mientras trabajaba como barista, decidió atreverse a tatuar — un estilo de arte que admiraba desde hace muchos años, pero no encontraba el valor de perseguirlo, hasta que conoció a otra barista que era aprendiz de tatuador.
Con un portafolio y sitio web en proceso, Ortega visitó tatuadores buscando un sí.
Eventualmente, sus ilustraciones picaron el interés.
“Históricamente, esta industria no ha sido especialmente abierta hacia los logros de las mujeres”, afirmó Ortega.
Dijo que quiere cambiar la narrativa de los espacios creativos para gente marginalizada, artistas queer y otras como ella mediante técnicas culturales. Muchos de sus tatuajes han sido inspirados por otras mujeres e imágenes indígenas.
Esto incluye los métodos de golpeado manual del papel amate del pueblo otomí de Puebla, un proceso que consiste en extraer la corteza interna de un árbol de moral y golpearla con una piedra para crear un papel de dibujo.
“Estoy atenta de quién ha logrado qué y siempre trato de seguir aprendiendo, porque no quiero participar en esa supresión”, dijo Ortega.
Al igual que el pueblo otomí utilizaba el papel amate para registrar acontecimientos de importancia histórica, Ortega ve el tatuaje como una oportunidad para ayudar a otros a conectarse con su cultura.
“Si no te sientes lo suficientemente cerca a ella, tal vez este tatuaje pueda ayudarte a lograrlo; es algo que llevas contigo y que nadie podrá quitarte”, comentó Ortega.
Como muchos artistas latines, Ortega habló de sus inseguridades con la otredad, atada a la cultura mexicana y estadounidense.
Tatiana Sánchez, una de las compañeras de Ortega en CSULB — que también se especializó en ilustración — dijo que admira la vulnerabilidad de Ortega como una artista abiertamente queer que practica su activismo a través del arte.
“Me encanta la calidad de investigación que realiza y cómo logra captar una historia”, comentó Sánchez. “Realmente utiliza la historia y el conocimiento para plasmar esa imagen única”.
Aunque Ortega es meticulosa en su investigación, todavía le cuesta encontrar un balance dentro de las connotaciones negativas asociadas con la cultura del tatuaje, la identidad queer, las comunidades latinas y su familia.
“El tatuaje es una práctica que comunidades y personas de todo el mundo han realizado para marcar ritos de paso y acontecimientos clave; a menudo, se trata de ritos específicos a las comunidades”, dijo Felicia Montes, profesora asistente de Estudios Chicanos y Latinos de CSULB.
En su trabajo como artista indígena xicana y cofundadora del colectivo creativo femenino, Mujeres de Maíz, Montes se refirió a La Esmeralda, escuela nacional de arte de Ciudad de México, donde el tatuaje se clasifica dentro del departamento de bellas artes.
“Es un arte refinado. Siempre lo ha sido”, dijo Montes. “Ha sido degradado o marginado, pero es arte”.
Ortega ha comenzado a vender sus impresiones en “Hot Stuff” en Broadway, una de las tiendas LGBTQ+ más antiguas de Long Beach. Actualmente, está trabajando en un sitio web para enviar sus pedidos y seguir creando comunidad a través de la expresión y el diálogo.
“Personas queer, especialmente latinas que son queer, lesbianas o cualquier persona sáfica, cuando entramos en estas conversaciones, me doy cuenta de que su vida y la forma en que se han desarrollado las cosas han sido muy parecidas a mis experiencias”, dijo Ortega. “Eso me ayuda a no ser tan dura conmigo misma ... a dejar de lamentar cosas que parecen ser repeticiones culturales”.
