“Hay mucho temor”: El miedo al ICE afecta a vendedores y empleados en Los Callejones

Una de muchas tiendas en Santee Alley, también conocido como “Los Callejones” que ha tenido que cerrar en tiempos recientes. Foto por Miguel Nicolas

Los pasillos de Santee Alley—comúnmente conocidos como Los Callejones—ya no están tan llenos como antes. Antes repletos de cultura, vendedores y música, el área funcionaba como un centro de cultura hispana. Con el ambiente político actual en Estados Unidos sobre la ejecución de leyes migratorias y el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (o ICE, por sus siglas en inglés), la comunidad hispana ha quedado afectada y aterrorizada. 

Este impacto ha creado un efecto dominó en Los Callejones, afectando a los clientes, la comunidad y, sobre todo, a los vendedores y empleados que dependen del área y trabajo para su sustento.

Reportes recientes de el Los Angeles Times encontraron que los esfuerzos de ejecución de leyes de inmigración en Los Ángeles han aumentado, con agentes federales utilizando nuevas tácticas más rápidas que pueden resultar en arrestos en tan sólo 30 segundos. Estas operaciones rápidas han dificultado la reacción de las comunidades, contribuyendo al mismo miedo que, según los vendedores de Los Callejones, ha alejado a los clientes.

Para Pilar Venegas, quien maneja el puesto Delicioso Grill, este cambio ha sido inmediato y abrumador.

“La verdad sí me ha afectado muchísimo. Me ha costado demasiado porque las ventas han bajado. No hay gente, no vienen a Los Callejones, no compran, entonces todo eso para nosotros nos afecta muchísimo”, indicó Venegas

Venegas enfatizó que el impacto es compartido entre los vendedores del área. Estos negocios dependen del flujo constante de personas, lo que hace que la disminución de clientes sea especialmente perjudicial. Al igual que Venegas, Concepción “Coni” Arellano, copropietaria del puesto La Guerra Hotdogs, también describió cómo la aplicación de leyes de inmigración ha afectado profundamente a los negocios en el área.

“Sí ha afectado mucho lo de las redadas. La gente no viene y los negocios bajan”, Arellano dijo. “Si antes vendíamos unos 400 al día, hoy vendemos unos 150 o 100 dólares. Eso no alcanza”.

En sus 15 años trabajando en Los Callejones, esta es la primera vez que Arellano ha presenciado una caída en negocio como esta.

“Ahora todos los negocios, no es nada más el mío, todos han sido afectados por las redadas”, Arellano compartió.

Muchas de las tiendas en Los Callejones son dedicadas a productos o servicios relacionados con cultura latina. Foto por Miguel Nicolas

Más allá del impacto económico, Arellano destacó el impacto emocional y la vulnerabilidad dentro de la comunidad. Explicó que muchas personas confían en ella para compartir sus experiencias como dueños de negocios, clientes e incluso víctimas de operativos de ICE.

“Aquí hablamos con mucha gente, escuchamos sus pensamientos, su sentir… hay quienes sí se han llevado a sus familiares”, Arellano expresó.

Además, con los altos costos de renta en el área, la disminución de clientes ha hecho aún más difícil que los vendedores se mantengan a flote.

“Estar en esta área… las rentas son muy altas, y si no hay ventas, ¿cómo sobrevives esas rentas?” Arellano dijo.

Mientras los vendedores enfrentan el impacto económico directo, trabajadores como Inés Pérez experimentan los efectos de otra manera, destacando cómo la situación va más allá de los dueños de negocios. Pérez, trabajadora en una tienda de Los Callejones, explicó cómo la disminución de clientes ha afectado directamente tanto a dueños como a empleados.

“Sí nos ha afectado muy directamente porque la gente no viene a los callejones… de tener un 100%, ahora estamos en un 40, 50 o 70%", comentó Pérez.

La experiencia de Pérez demuestra que el impacto afecta a los trabajadores que dependen de ingresos constantes. También señaló los cambios visibles en el área.

“Hay muchos locales cerrados… y aun así venimos todos los días”, añadió Pérez.

A pesar de la caída, expresó esperanza en que la comunidad pueda ayudar a restaurar el área de Los Callejones. Como lugar histórico lleno de cultura en Los Ángeles, tiene que ser restaurado y debería de recibir la misma importancia que otros monumentos.

“Queremos volver a levantar el downtown, lo que era antes, porque sí se ha caído”, Pérez agregó, “El alley aquí en Los Ángeles es un lugar histórico. Lo que pedimos es apoyo para que como comunidad salgamos adelante”.

Pérez hizo un llamado al público para regresar y apoyar a los vendedores locales.

“Si nos apoyan, que vuelvan al centro y vuelva a ser el downtown lo que era”, señaló Pérez.

Algunas tiendas en Los Callejones han comenzado a vender artículos con mensajes anti-ICE. Foto por Miguel Nicolas

Algunos de estos negocios enfrentan responsabilidades financieras más allá de lo personal, como renta e inventario. Venegas explicó que hay costos más allá de los usuales. “No es el carro mío, yo lo rento y me ha costado muchísimo”, dijo ella.

Según Venegas, la caída en ventas está directamente relacionada con el miedo causado por la ejecución de leyes migratorias.

“Hay mucho temor. Con todo esto de la migración… ya no viene la gente, no hay venta, no hay negocio. Mucha gente está cerrando sus tiendas,” comentó Venegas.

Venegas describió el creciente sentido de temor entre vendedores y clientes, como uno que influye en las decisiones diarias y genera dudas sobre si es seguro regresar a trabajar. Venegas señaló que estas son preocupaciones que enfrenta cada mañana antes de salir a trabajar.

“Yo siempre digo que tengo que salir porque tengo que ir a buscar el pan de cada día… a mí no me va a caer del cielo”. Venegas también añadió, “Hay veces digo, ‘tengo que salir a trabajar,’ pero solo pidiéndole a Dios que no nos topemos con inmigración”.

A pesar de los desafíos, Venegas continúa trabajando por necesidad. Se siente limitada en cuánto a  lo poco que puede apoyar a su familia en comparación con antes. 

“Se siente feo… ahora nada más estoy sobreviviendo”, Venegas dijo.

Ante estos desafíos, Venegas se mantiene decidida a seguir adelante, enviando un mensaje a todos.

“Tenemos que seguir echándole ganas… no podemos quedarnos con los brazos cruzados”, afirmó Venegas.

Con menos clientes y una mayor presencia del ICE, vendedores y trabajadores como Venegas, Arellano y Pérez continúan luchando para sobrevivir, equilibrando la incertidumbre con resiliencia. Hoy, preservar la esencia de Los Callejones depende del apoyo de la comunidad.

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